sábado, 31 de diciembre de 2011
domingo, 20 de noviembre de 2011
Un no cumpleaños
Tal día como hoy nació la responsable de que este que les habla este aquí dándoles la paliza. Casi tocó con los dedos este 93 cumpleaños pero no pudo ser y falleció hace un par de semanas.
Descanse en paz.
La vida sigue y probablemente este homenaje que le hace mi hija en forma de guiso sea el mejor.
Si gustan
Excuse me, I can't stand up
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Paco Nájera
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jueves, 6 de octubre de 2011
Sergio Bonelli ha muerto

Hay pocos editores de la talla de Bonelli. Ha marcado una época, ha dado al comic popular la impronta de calidad y los autores que han trabajado con él hablan de un trato exquisito. Confiemos que su legado no se pierda ni se desvirtúe.
Descanse en paz.


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domingo, 11 de julio de 2010
Dos grandes. Carlos Gimenez y Víctor de la Fuente

Entre las colaboraciones que recabé para el libro de Félix estaba, como no, la de Carlos Gimenez, otro gran maestro que no obstante y como podéis ver en su escrito confesaba su admiracion sin fisuras por Víctor de la Fuente.
Resume mejor que cualquier otra cosa ese referente que ha sido y es Víctor de la Fuente para muchísimos profesionales. Porque si para los aficionados ha sido un grandísimo autor para los que compartimos oficio y podemos ahondar algo mas en la técnica, Victor está en otro estadio, en otra dimensión. Un maestro de maestros.
Víctor de la Fuente, ese increíble artista
Hace pocos días, un buen amigo mío me mandó por correo electrónico unas fotografías del último Salón del Cómic de Madrid. Son las clásicas fotos de este tipo de ferias: grupos de gente desenfadada, autores firmando ejemplares, yo mismo con mis colegas tomando cubatas... En algunas de ellas estoy con Víctor de la Fuente. En las fotos los dos estamos riéndonos, abrazados, como lo que somos, dos buenos amigos que se quieren. "Víctor de la Fuente y yo, dos buenos amigos que se quieren". ¡Qué bonito me suena! Poder decir esto con la convicción de que es cierto es para mí un placer, un gran orgullo y una tremenda satisfacción.
Siempre he pensado que la auténtica valía, a un hombre no se la da ni el dinero ni la fama ni el poder. Se la dan los amigos. La categoría de los amigos es lo que da categoría al que los tiene. Quien puede presumir de tener buenos amigos, amigos de calidad, no necesita presumir de nada más.
Conocí a Víctor de la Fuente en Madrid hace muchos años. Yo tenía veintipocos y él algunos más. Víctor es un poco mayor que yo. Digamos que me lleva una pequeña ventaja en años y una tremenda ventaja en todo lo demás.
Fue en Madrid, en un estudio que habían montado Adolfo Usero, Esteban Maroto y algunos dibujantes más cuyos nombres ahora no recuerdo. Nos había citado allí, a un grupo de profesionales de la capital, el agente Josep Toutain –todavía no era editor- para dilucidar ciertos asuntos relacionados con la agencia Selecciones Ilustradas. Allí vi por primera vez a Víctor de la Fuente.
En la vida hay ciertos hitos que se recuerdan siempre. Se dice que todo el mundo recuerda el día en que mataron a Kennedy y que todo el mundo recuerda también el día en que vio por primera vez el mar. Yo recuerdo el día en que conocí a Víctor de la Fuente.
Por aquella época, Víctor ya era un grandísimo autor conocido, reconocido y admirado por toda la profesión. No había dibujante bueno o malo que no guardase como joyas, entre su documentación, los tebeos –en aquella época los snobs todavía no habían acuñado en España la palabra cómic- que Víctor de la Fuente dibujaba para la Fleetway.
Aquellos cuadernillos de 64 páginas, dos viñetas por página, bolsilibros de pequeño tamaño pero de enorme valor artístico que los dibujantes a medio cocer como yo no nos cansábamos de mirar y remirar con el ansia y la pretensión de asimilar todo aquel talento, con la envidia, la sana y maravillosa envidia del admirador que se obnubila con la magia del maestro.
Recuerdo aquellas espléndidas figuras de soldados japoneses con las piernas abiertas, anclados al suelo por su propio peso. Aquellos jeeps anchos de pecho como los caballos que ha dibujado siempre Víctor, que volaban más que corrían con todas las ruedas en el aire, a punto de desprenderse de los ejes. Aquellas figuras de cintura quebrada girando, disparando y corriendo, todo a la vez. Aquellos cuerpos agachados –"los agachados de Víctor", como dice mi amigo Adolfo Usero cuando asegura que nadie dibujó jamás esas posturas con el talento y la fuerza de Víctor de la Fuente.
Después de aquella primera vez nos hemos visto muchas veces. Al principio sólo cuando coincidíamos en agencias o editoriales, y sobre todo en ferias del cómic, o simposios, que así llegaron a llamarse este tipo de actos.
Y un día llegó en que tuve el honor de ver publicadas mis páginas junto a las de Víctor de la Fuente. En la misma revista. En la revista Trinca.
Para los dibujantes de tebeos, sobre todo cuando se está al comienzo de la profesión, son muy importantes estas tres cosas: 1º) Publicar. Publicar donde sea; esto es lo fundamental. 2º) En qué revista se publica. Que a ser posible sea una revista importante, de gran difusión, que todo el mundo conozca. Y 3º) Junto a qué otros autores publicas. El autor joven se muere por ver sus dibujos impresos al lado de los de autores famosos, formando equipo con ellos.
La revista Trinca fue en su momento una buena revista. Por lo menos desde el punto de vista de la impresión. A todo color, en papel couché, de esmerada edición y estupenda reproducción. Y alto precio. Era –puede decirse- un tebeo de lujo. En esta revista, Víctor de la Fuente publicaba la serie Haxtur.
Hay publicaciones de historietas que se identifican con una serie o con un personaje. Normalmente, con su personaje más importante o de más éxito. Por ejemplo: Chicos fue la revista de Cuto. Pilote era la revista de Asterix. Y Pulgarcito, la de Mortadelo y Filemón. Pues bien, sin discusión alguna, Trinca era la revista de Haxtur. Por aquella época en que yo ya iba de pollito por la profesión, Víctor de la Fuente era el indiscutible Chantecler del gallinero.
Y este es el momento que yo estaba esperando para decir cuatro palabras –se podrían decir muchas más- sobre la serie Haxtur.
De la misma manera que casi nadie conoce los cuadernos de guerra que Víctor dibujó durante siete años para la Fleetway y la DC. Thompson porque jamás, que yo sepa, se han publicado en España, por todo lo contrario es sobradamente conocido el personaje Haxtur. Y no sólo porque se haya reeditado repetidas veces, sino también porque se ha escrito mucho sobre él y porque con frecuencia su nombre se ha utilizado como marca sinónimo del buen cómic. Sirva como ejemplo de lo que digo el hecho de que un Haxtur modelado en bronce da nombre e imagen a los premios del Salón del Cómic del Principado de Asturias.
Si hay en España, en la ya larga y prolífica historia del tebeo español, una serie de auténtico culto, y no sólo para lectores y aficionados, sino también para dibujantes profesionales, críticos y estudiosos, esa serie es Haxtur. Y lo es por derecho propio. Por los indiscutibles méritos y cualidades artísticas de su autor, Víctor de la Fuente, y por lo que ha representado este como modelo, lección, guía y luz para los muchísimos discípulos que han caminado detrás de él.
Haxtur ha sido y todavía es el libro de cabecera de un gran número de historietistas. Haxtur fue sin lugar a dudas el personaje más copiado, más imitado y más plagiado de su época. Y no solamente en España, sino también en Europa y en América. Sobre todo, en la América que habla español. Quien conoce las publicaciones de historietas argentinas, mexicanas, cubanas... sabe de qué estoy hablando
Y me parece bien. Es decir, me parece normal, lógico y hasta adecuado. Si hay que escoger un maestro de quien aprender, si hay que elegir un modelo a quien imitar y estudiar, escojamos al más listo, al que más sabe, al que más nos gusta.
Víctor de la Fuente tiene eso que despierta en el que lo admira las ganas de copiarle, de imitarle. Cuando miras un dibujo de Víctor piensas: "este es el dibujo que me habría gustado hacer a mí", y sientes, como el cleptómano, la necesidad de apropiarte de aquella imagen plagiándola, haciéndola tuya.
Y que conste que yo soy de los que piensan que no se debe plagiar a nadie. Es una cosa muy fea, está mal visto y además es poco honrado. Pero copiar a Víctor de la Fuente debería, si no estar permitido, si al menos tener algún eximente.
Cuando pienso en mi año sabático, ese tiempo de desconexión que sé que nunca podré disfrutar pero con el que a menudo sueño, ese tiempo en que me imagino dando vacaciones a la rutina del trabajo sin pausa que impide reflexionar, ese tiempo en que me veo a mí mismo estudiando dibujo, copiando modelos del natural, haciendo ejercicios sobre la obra de otros dibujantes para romper mi estilo, practicando otras caligrafías... siempre tengo en mente, como objetivo principal, estudiar a fondo la obra del maestro Víctor de la Fuente. Utilizar sus álbumes como láminas de dibujo, estudiar su figura humana, su composición, su puesta en escena. Tratar de entrar en su sensibilidad, en esa comprensión que él tiene de la relación volumen-espacio. Captar su energía. Penetrar en el secreto de su trazo, en la fuerza y belleza de sus imágenes, en ese grafismo total en el que cabe todo y todo está en su sitio, en su distancia y en su importancia.
Quiero además llamar la atención sobre uno de los aspectos más destacables y más admirables del temperamento de este gran artista: su falta de pereza a la hora de plantearse una escena, su capacidad, facilidad y destreza para abordar temas totales, para dibujar, y dibujar magistralmente, aquellas escenas que por su complejidad, por la cantidad de elementos que la componen, la cantidad de personajes que intervienen en ella, por la distancia espacial entre unos y otros y por la dificultad añadida de hacerlos reconocibles e identificables, conllevan tantos problemas que para otros dibujantes sería un trabajo inabordable.
En el estudio de El Manzanares, aquel nuestro primer estudio, que compartimos de jovencitos, casi niños, Adolfo Usero, Esteban Maroto y yo, solíamos clasificar y diferenciar los guiones que nos llegaban para dibujar, nuestro primeros guiones, por "bonitos" o "de huestes".
-¿Qué tal es el guión?
- Bonito
Quería esto decir que era un guión fácil que se prestaba al lucimiento. Pocos personajes en cada viñeta, figuras en movimiento y ambientación no demasiado especificada.
-¿Qué tal es el guión?
- De huestes
- ¡Maldición!
De huestes quería decir que había que dibujar múltiples personajes por viñeta en sirtuaciones complejas: ejércitos a caballo, grupos enfrentados a grupos, muchedumbre, masas... Mucho trabajo. Y lo que era peor, trabajo difícil y poco lucido. A estos guiones también los llamábamos "de castigo".
Bueno, pues para Víctor de la Fuente, ese increíble artista que dibuja con la misma facilidad con la que el resto del mundo escribe, no existen guiones de castigo. Los "de huestes", en virtud de su habilidad y su facilidad, se convierten en "bonitos".
Esos temas inabordables para cualquier dibujante mortal, esos guiones cuya sola lectura arrancaría lágrimas de desesperación e impotencia al dibujante más avezado y curtido, Víctor los ilustra cada día con la naturalidad y facilidad de lo cotidiano. Como lo más normal. Ejércitos contra ejércitos, asaltos, batallas, guerras, muchedumbres desplazándose hacia otras muchedumbres, ejércitos emboscado para sorprender a otros ejércitos, panorámicas de los campos de batalla vistas desde arriba en las que los soldados manejan las baterías de cañones disparando contra los aviones que sobrevuelan los trenes mientras el ejército contrario... ¿Que exagero? No exagero nada. Véase, por ejemplo, el álbum Viva Villa de la serie Los gringos. O tantos otros de su extensa obra.
Resumiendo: que al lado de algunas viñetas de Víctor de la Fuente las ilustraciones de Gustavo Doré para La Divina Comedia parecen trabajitos de alivio.
Por eso, ahora, mirando estas fotografías en las que estoy con mi viejo amigo Víctor, al que tanto quiero y al que tantísimo admiro, me lleno de orgullo. Sé que a su lado siempre seré el amigo del chico. Pero me encanta serlo.
Lo que no quita que tenga decidido que, en mi próxima reencarnación, si he de volver a ser dibujante de tebeos, me pida ser Víctor de la Fuente.
Carlos Giménez
Madrid, abril de 2002
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sábado, 10 de julio de 2010
HOMENAJE A VÍCTOR DE LA FUENTE EN BARCELONA, 2003


El acto que tuvo lugar el 9 de mayo de 2003, durante la celebración del XXI Salò del Comic de Barcelona, culminó de la forma más emotiva un proyecto largamente acariciado por quien suscribe, Félix Velasco, pero que no hubiera alcanzado la repercusión ni revestido el más vistoso formato de libro en que finalmente cristalizó, sin el apoyo y aliento de Xavi Morell, editor de Recerca, Paco Nájera, dibujante y contacto de casi todas las colaboraciones especiales, Manuel Barrero, redactor de la bibliografía del maestro y Félix Ruiz, actualmente dibujando para Marvel y brillante diseñador gráfico.
Esta presentación no figuraba programada como tal, pero se antojó imperdonable que, en el seno del acto de puesta de largo de las novedades de Recerca y Alecta para el Saló, y contando además con la presencia del mismísimo Víctor de la Fuente, no se aprovechara la ocasión para rendir un cálido homenaje al Maestro. La compañía era inmejorable: sus discípulos y máximos admiradores, primeras figuras de la historieta española, constituían una auténtica guardia de honor entre el público asistente al acto: Alfonso Azpiri, Adolfo Usero, Josep M. Beà (que acababa de recibir el Gran Premio del Salò), Josep M. Martín Sauri y Carlos Giménez, quien, voz autorizada como ninguna, tomó la palabra para celebrar la ocasión, aunque también lamentar las modestas proporciones de la obra: el único tributo que haría justicia al arte del maestro sería una edición con planchas de tamaño original para resaltar como se merece la producción de Víctor. Ante estas palabras, las del autor del ensayo y otras, el dibujante asturiano quiso responder, con su modestia habitual, pero, nada más empuñar el micrófono, la emoción nubló su voz y no pudo continuar, en parte por el estruendo de aplausos que se produjo por parte de los presentes, transmitiendo la admiración que sentían por esta gloria asturiana de la historieta.
Por supuesto, hubo firma de ejemplares en el stand de Recerca y terminado el acto, en la sala de conferencias, las fotos que acompañan este breve escrito harán perdurar la magia del momento.
Descansa en paz, Maestro.
Félix Velasco, 9 de julio de 2010
Para aquellos interesados en este libro aun se puede conseguir solicitandolo directamente al autor Félix Velasco a este email:
odiseaspacio@yahoo.es
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sábado, 3 de julio de 2010
Murió Victor de la Fuente.


Leerán muchas reseñas sobre la muerte de Víctor y en la mayoría, a poco que sepan de que hablan, dirán que ha muerto uno de los grandes autores de cómics españoles. Yo añadiría que del mundo.
Los que ya acumulamos unos añitos se nos perdona que nos repitamos por tanto lo digo una vez más, para mí hay dos grandes autores que me han llegado al tuétano de la sensibilidad, uno es Carlos Giménez y el otro es Víctor de la Fuente.
Es por eso que en este blog ya ha tenido el maestro Victor tres entradas. Una entrevista que le hicimos en la revista Barzelona comics años ha, otra en el libro homenaje en el que tuve el placer de colaborar con Félix Velasco y una guía visual de su tebeografia que ayude al aficionado a localizar la obra de Víctor, que hoy por hoy, en su gran mayoría sigue inédita en el país que le vió nacer. Así tratamos aquí a nuestros hijos ilustres. Le debo una entrada sobre su paso por el Tex de Bonelli donde dejó, como no, su sello inconfundible de calidad.
Tuve el placer y el honor de conocerlo personalmente y hasta de verlo dibujar. Algo que proporciona una cura de humildad a los que nos dedicamos a este duro oficio.
Ya hace años que arrastraba una precaria salud y al fin le llegó su hora. Descanse en paz. Nos deja un enorme legado a degustar por paladares exigentes.
Un abrazo Víctor y hasta siempre.
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martes, 1 de diciembre de 2009
Murió Paul Naschy


Hoy ha muerto Jacinto Molina, nuestro Paul Naschy, artífice del cine de terror de los años 60. Es nuestra entrañable serie B española.
Las veces que lo he visto y conversado con él, la última en el salón de comic de Andorra en Abril de este mismo año, siempre me ha parecido de un hombre de una imaginación desbordante, con una extraordinaria memoria y pese a su edad, 75 años, con ganas de acometer nuevos proyectos.
Descanse en paz.
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domingo, 12 de julio de 2009
Juan Carlos Contreras








Déjenme decirles que en esta tierra jiennense tenemos un diamante en bruto -con perdón- llamado Juan Carlos Contreras. Digo lo de en bruto, no porque no este cuajado en el campo, que domina a la perfección, del humorismo gráfico, si no porque su enorme talento no esta reconocido ni de lejos.
Si uno no estuviera curado de espantos se preguntaría como es posible que haya tanto cegato por el mundo editorial para no darse cuenta de su valía y no darse de guantazos a la hora de publicarlo con todos los honores.
Les dejo algunas muestras de su talento y juzguen ustedes mismos.
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domingo, 21 de junio de 2009
La guerra de Irak


Hace ya unos añitos que se cometió aquella tropelía de la que todavía estamos pagando las consecuencias. Que nuestro país fuera coparticipe, con el bigotitos a la cabeza, es algo que nos indignó a la mayoría. Os dejo un par de ilustraciones que hice por aquellos años.
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sábado, 20 de junio de 2009
Se nos fué Carlos Meglia


Va a hacer casi un año que se nos fue Carlos Meglia y aun hoy siento como un mazazo aquella terrible noticia. Todos sabemos que vamos a morir, pero todos pensamos que eso ocurrirá tras una vida mas o menos plena, tras una dilata vejez... tal vez por eso, que de improviso te digan que una persona tan vitalista como Carlos se nos fue, en el cenit de su arte, con mucho hecho pero con muchisimo mas por hacer, nos resulta increíble y hasta injusto.
Conocía y admiraba su obra y tuve la fortuna de conocerle a él. Un gran tipo, un grande de la historieta y me gustaría pensar que un buen amigo a pesar de que solo nos vimos en unas pocas ocasiones pero manteniamos contacto por email.
Descanse en paz.
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viernes, 19 de junio de 2009
Vicente Ferrer.

Desde mi condición de agnóstico no puedo por menos que reconocer la calidad humana y la extraordinaria labor de este hombre que trasciende su motivación religiosa para ser un ejemplo puro y duro de entrega a los demás. En estos tiempos de individualismo y banalidad al por mayor no estaría de mas volver la vista a congéneres como Vicente Ferrer que nos reconcilian con lo mejor y mas noble del ser humano.
Os dejo una caricatura que le hice años ha.
Descanse en paz.
Paco Najera
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sábado, 13 de junio de 2009
¿De dónde venimos?

Parece que han pasado siglos desde los años 60 en que transcurrió mi infancia en un pueblecito de Jaén llamado Jabalquinto. Parece haber un abismo entre esos dos niños...
Les dejo un articulo que hice para una revista escolar de Jabalquinto y donde echaba la vista atras:
"PACO NÁJERA. DIBUJANTE DE TEBEOS Y DE JABALQUINTO. COSAS MÁS RARAS SE HAN VISTO.
A temprana edad, en el plazo previsto y por el conducto reglamentario, este que les habla -escribe en este caso- vio la luz allá por el 59. En Mayo. No recuerdo si florido y hermoso, que la memoria ya flaquea. Eso sí, yo nací en casa, que uno siempre ha sido muy hogareño. Son pues, 44 primaveras. Siendo optimistas se puede decir que he pasado ese ecuador vital que marca el lento declive hacia la venerable ancianidad. Y como no, cuando el trecho por recorrer es menor que el recorrido es normal echar la vista atrás y rumiar recuerdos y flashes, cercanos y no tanto. Por ello esta invitación a colaborar, con mis recuerdos escolares, en vuestra revista es algo mas que tentadora. Otra cosa es que pueda revestir interés para alguien.
Y en ese ejercicio retrospectivo, me veo, a la edad de 6 años, con mi madre, camino de la escuela. Un alto en el camino para comprar en casa de Salvadora un lápiz, un sacapuntas y un cuaderno de aquellos de logo redundante y en diagonal. Y llegamos a la escuela de Don Fernando. Abajo panadería, arriba un secadero de tabaco de los González (patrón de mi señor padre y lugar frecuentado por mí para improvisar columpios con las cuerdas que colgaban del techo). Y en medio, digo, la escuela, como un sándwich. Un buen número de escaleras, marcaban metafóricamente el acceso a ese templo temprano del saber. En ese día aciago, servidor, traspasó ese umbral dejando constancia ya, a tan corta edad, del intrépido temperamento que me caracteriza. Un mar de lágrimas, y algo más que el deseo de huir jalonaron en mi memoria, el inicio en las letras.
Al entrañable Don Fernando, hombre temeroso de Dios, y de algunos fenómenos atmosféricos, siguieron en una difusa amalgama de nombres, Don Jaime, Don Pedro, Don Sigifredo... Ah, sí, Don Sigifredo. Me vais a permitir hacer un alto para recordar a Don Sigifredo, un tipo enjuto- seco, decíamos entonces- de nariz prominente y afilada, al que un estornudo bien podría haberle provocado una harakiri accidental, y ... maestro. Maestro en palizas, en humillaciones, en el trato clasista a sus víctimas- perdón alumnos- en el bautismo moteril y en el espionaje y delación de la asistencia, o no, a la misa dominical. Estas y otras más virtudes adornaban su noble carácter. Sí, ya lo creo, Don Sigifredo me marcó. Me marcó las rodillas con garbanzos, la lengua con guindillas, las manos a palmetazos y el currículo escolar con la repetición del 3º de Primaria. Sí, a final de los 60, en algunos casos, la educación de los tiernos españolitos se confiaba a gente así. Así lo recuerdo al menos. Afortunadamente no todos los maestros que tuve eran practicantes del sado magisterio y mi andadura escolar prosiguió dentro de la normalidad con Don Jaime, el venerable Don Isidoro, cuya mujer me dio los primeros consejos en materia dibujística, Don Juan, Don Francisco y algunos otros dones que no recuerdo. A quien si recuerdo con especial cariño es a Doña Sagrario, una mujer afable y paciente, que en el reconvertido 6º de EGB, deseosa de que no confundiéramos la cosa paterna con un tubérculo nos repetía sin cesar que papa no hay más que uno y estaba en Roma. Que a nuestros progenitores había que llamarlos esa cursilada de papás o padres. Ni que decir que pese a sus dotes pedagógicas, y tener un marido veterinario, no tuvo éxito en su empeño. A ella debo, en ese curso, un buen lingotazo de autoestima y la revelación de que los útiles y soportes para dibujar iban más allá del lápiz y los forros de los libros. Cuando me regaló a final de curso un maletín de óleos, durante semanas viví sin vivir en mí y tan alta dicha esperaba que no sabía si aquella preciosidad era solo para la mística contemplación o había que mancillarla con el uso. El año pasado la vi en un colegio de Linares. La saludé y hablamos de aquel curso. Lo recordaba vagamente, no en vano habían pasado... 30 años.
Sí, 30 años que dejé aquellas escuelas donde niños y niñas estábamos en clases y recreos separados, donde los duros inviernos eran combatidos con braseros portátiles de picón, hechos con una lata de tomate y un alambre, que los chiquillos portábamos y poníamos bajo la banca. Aclaro que a pesar de ser niños pobres, y hasta paupérrimos, nosotros no nos sentábamos en pupitres, lo nuestro eran bancas. No daban créditos ni repartían cuantiosos dividendos, pero bancas al fin y al cabo. Ironías de la vida, supongo.
Y como no, recuerdo las flores a María en Mayo, la asignatura de FEN (Formación del Espíritu Nacional) escrita por el incombustible Fraga Iribarne y que nos aleccionaba en el amor al caudillo, a su obra y a desconfiar de esas moderneces foráneas, origen de todos los males y llamada democracia. Porque ojo, nosotros también teníamos democracia, el intríngulis y la madre del cordero estaba en que la nuestra era orgánica y la de fuera inorgánica. Que vamos, ni punto de comparación.
Ah, qué tiempos, con la pubertad marcando paquete ante aquellas faldas plisadas de las niñas. Unas niñas empeñadas en jugar a la comba, a la rayuela, a los cromos, a comiditas y a otros divertimentos insípidos, en lugar de quemar adrenalina con un buen tirachinas, hacer filigranas con una navaja, practicar el béisbol patrio llamado pita, jugarse fortunas de perras gordas a las bolas o emular a Gento, a Amancio, a Pirri... con una pelota. Definitivamente hombres y mujeres, pese a enigmáticas atracciones, estábamos hechos de pasta diferente.
Y no se porque se me quedaron grabados poemas escolares como el de “Abenamar, Abenamar, moro de la moreria, el dia que tu naciste grandes señales había, estaba la mar en calma, la luna estaba crecida y bla, bla, bla. O aquel otro de La canción del pirata “Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela,,,” que no se si los recuerdo por sus virtudes literarias o por que había cierta similitud con El guerrero del antifaz o a El cachorro. Sendos éxitos tebeisticos de la época. Y es que los tebeos en aquellos años añadían color a una época gris. Y los crios los devorábamos con fruición. Los cambios de aquellos tebeos, llenos de lamparones, con curas de urgencia a base de esparadrapo, firmados por los sucesivos propietarios, y la consiguiente y dura negociación no tenían nada que envidiar al de una resolución de la ONU. Ya lo creo. Se hicieron grandes fortunas de tebeos en base a esa pericia negociadora. Pero entre todos ellos brillaba con luz propia y era la joya de la corona de todo quisqui: El capitan Trueno. Los mayores del lugar saben de que hablo. Probablemente de aquellos polvos estos lodos, en lo profesional.
Por no hablar de la fascinación de la tele. ¡Que peazo de pelis echaban,,,! Viaje al fondo del mar, Bonanza, Perdidos en el espacio, Los agentes de cipol, Los intocables, El fugitivo, Los invasores y tantas otras. Lo malo es que teles, lo que se dice teles, no había muchas en el pueblo. Solo así se puede entender que uno pasara por taquilla de comprar un paquete de pipas para poder ver en casa de Bigote El Virginiano o que medio barrio se congregara, con sus sillas,(no siempre en paz y armonía) delante de la ventana de Anica la de Torres para ver Galas del sabado o la terrorífica Historias para no dormir. Berlanga, seguro, habría hecho arte cinematográfico con ese material.
Y palabras mayores era el cine. Con mi padre o con mi amigo Pepe sacábamos entrada de gallinero, un duro de la época, y allí tras el fastidioso NO-DO se nos abría una ventana de luz y de color. Importaba poco que peli proyectaran. Si recuerdo que abundaban los doblajes mexicanos y que los escasos besos eran, entre silbidos, vistos y no vistos. Mas bien lo segundo. Vamos que aquellos odiosos dos rombos –mayores de 18 años- a los que llamábamos juanolas se los podían ahorrar. Cuando se apagaba la luz ni la inevitable emigración clandestina de gallinero a sillas, o el ronroneo de las pipas conseguía sacarnos del trance, de la magia, de ver a Tarzan, El coyote, Los diez mandamientos, las de tiros de Gary Cooper o aquellas de un luchador un tanto barrigudo y con careta que apodaban El santo. Daba igual, digo, si saliamos haciendo gorgoritos tras ver a Marisol o Joselito o verónicas tras ver la correrías de Manuel Benitez el Cordobes, aquel maletilla que, en una suerte de operación Triunfo de la época, pasó de robar gallinas al salto de rana en las plazas de toros de media España. Ni el duro escalón gallináceo, ni los chinches de las sillas podían con el embelesamiento del cine. No señor.
Y perdonen ustedes, niños y niñas, si lo que cuenta este carroza, sin orden ni concierto, les suena a chino. Tiene su explicación. No en vano, mi generación, en edad escolar, portaba cual jíbaros, cabezas de negritos y chinos, con ranura superior, en la que introducíamos las limosnas de el Domund para esa pobre gente necesitada de pan y alimento espiritual. ¿A quién no se le pasó por la cabeza alguna vez irse de misiones por esos mundos incivilizados y paganos de Dios, y hasta, en el cúlmen de la vocación, terminar siendo mártires y santos?
Sí, eran otros tiempos. Os sonarán a prehistoria pero están ahí, a la vuelta de la esquina. Treinta años en la Historia son unos renglones en un libro. En lo personal... en lo personal es otra cosa.
Pero vuelvo a lo cronológico, que me conozco. No se si por aquello de que a todo cerdo le llega su San Martín, a los de mi quinta, a los 14 años se imponía eso que hoy se llama entrar en el mercado laboral y entonces simplemente currar. O en algunos casos, los menos, como el mío, darse una prórroga estudiantil. Pasé a hacer formación profesional en la SAFA de Linares. Un sucedáneo carreril para la gente poco pudiente. Cinco años de los que guardo un gratísimo recuerdo y de los que salí con un bonito y largo título: Técnico Especialista en Máquinas Herramientas. Nunca ejercí de tal.
Tras hacer COU y abandonar la senda estudiantil, fui llamado al servicio de la patria. A la extinta mili. Y ahí ya empezó a incubarse ( el trato con algún compa portador del virus seguro que tuvo algo que ver) esa rara enfermedad que aún padezco: dibujar tebeos, cómics, historietas, tres nombres distintos y un solo oficio verdadero. Con los paréntesis pertinentes y en trabajos de lo más diverso (desde ventas a comisión, reparación de carretillas elevadoras, venta de extintores, peluquería y oficios menos confesables...) ya sentía la llamada de la selva viñetera y mis incursiones en este mundillo se fueron haciendo cada vez más frecuentes hasta llegar a ser un profesional del cómic. Que no sé si es llegar a algo, pero llegué.
Desde hace unos 15 años trato de hacerme un hueco en este difícil y competitivo mundo de la historieta, bandeando la profunda crisis del sector con incursiones en el diseño gráfico, la ilustración, cartelería y todos aquellos terrenos colindantes y alimenticios con el dibujo de cómics. Probablemente lo único que sé hacer medianamente bien, y más por constancia que por aptitudes extraordinarias. Créanme.
Y ahí sigo, erre que erre, pariendo, a veces con dolor, historietas, nadando entre viñetas, bocadillos, onomatopeyas, líneas cinéticas, planos y contraplanos... y agarrado a este madero vocacional que me mantiene a flote y que quiero creer que me llevará a algún puerto.
No es por evitar la competencia pero si a alguno de ustedes se le ocurre pensar en lo guay de este trabajo me permito decirle que la santísima trinidad de nuestro tiempo (fama, dinero y poder) no la encontrarán aquí. Lo que sí encontrarán es un medio fascinante de creatividad, el poder encauzar ideas y emociones y a la postre... comunicar. Si les basta con eso, adelante y suerte.
Y termino ya, enviando un afectuoso saludo a esas nuevas generaciones de jabalquinteños, con el deseo de que disfruten de esa etapa escolar- efímera, ya verán- y que encuentren en sus profesores, maestros, un apoyo que potencie y encauce lo mejor de sí mismos.
Ruego clemencia por el rollo abusivo que se ha marcado este abuelo Cebolleta. Espero que Don Pedro Antonio asuma su parte de responsabilidad por ocurrírsele la maquiavélica idea de invitarme a contarles mis cosas.
Desde Linares, tan lejos y tan cerca...
Un tal Paco Nájera."
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Paco Najera
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